Glamour

Miren Ibarguren

CRISTINA BISBAL

Ha pasado de ser casi una completa desconocida a tener el nombre con más búsquedas en Internet y plantarse en el salón de casa de más de 7 millones de personas cada noche. Todo por culpa de Escenas de matrimonio, el boom televisivo de la temporada. Tras varios intentos fallidos por culpa del guión y del intenso rodaje, conseguimos reunirnos con Miren. Vestida con vaqueros, zapato plano y una coleta –con una imagen sport muy cuidada–, resulta una chica de lo más cercana. Nada que ver con su papel de Sonia, la pija mandona que interpreta en la serie revelación de la temporada. Pero ella parece no terminar de creérselo. Continúa con su vida ‘normal’ y asumiendo que todo lo que está pasando es sólo parte del trabajo que ella ha elegido.
“Rodamos de lunes a viernes, muchos sábados y, a veces, los lunes, doble capítulo”. Vive con ilusión el buen momento de trabajo que le ha tocado. Entre tanta charla sólo nos interrumpe el canto de sus dos periquitos: “En realidad son de una amiga, pero los tengo yo”.
Apenas te conocían unos pocos seguidores de A tortas con la vida y de repente eres parte de la rutina de millones de familias. ¿Cómo has llegado hasta aquí?
Ha sido un proceso que comenzó cuando tenía 14 años y me metí en una escuela de teatro. Una de las obras que pusimos en marcha, Sin vergüenzas, tuvo mucho éxito. A partir de ahí participé en varias obras más hasta que fiché para una serie de la televisión vasca, Goenkale. Poco después salió el personaje de A tortas con la vida y me vine a vivir a Madrid.
Lo tenías muy claro...
En realidad no tanto. Cuando acabé COU empecé a estudiar Psicología. Terminé tres cursos, pero no me terminaba de llenar y como conseguía trabajo de actriz, que me tiraba más, me decidí.
Pasaste a vivir sola, con 24 años, lejos de tu familia... ¿Qué fue lo más duro?
Al principio, lo de vivir sola, porque me daba un poco de miedo, acostumbrada a vivir en la casa familiar. Pero me acostumbré enseguida. Lo realmente duro fue después, cuando se me acabó la serie y no tenía trabajo. Tuve que buscarme la vida, no sabía muy bien qué hacer. Menos mal que me salió un trabajo en una tienda de ropa, de dependienta. Hasta que te salió el papel de Las 13 rosas. Un papel pequeñito, que fue una suerte, porque nunca había hecho cine y si hubiera sido un papel grande, sin tener ni idea, hubiera sido más duro. De este modo me sirvió como experiencia, aprendí mucho, vi cómo trabajaban las demás actrices, cómo se movían las cámaras… También aprendí desde el punto de vista personal: estábamos muy involucradas en una historia que había sucedido de verdad. Dábamos vida a unas mujeres que habían existido y muerto en esas circunstancias. Y ha sido un orgullo.
A todo esto, habrás hecho montones de castings. ¿Es muy duro estar siempre como en una prueba?
Realmente es parte de la profesión. Hay que asumir que es así y que no siempre te van a coger porque no das el perfil o simplemente porque no les gustas.
Pero a los responsables de Escenas sí les gustaste…
¡Y tanto! Porque iba a ser una cosita de verano, hasta que volviera Camera Café. Y todo ha pasado en muy poco tiempo. De verdad que los primeros sorprendidos éramos nosotros, cuando nos decían que habíamos tenido el minuto de oro. Estábamos alucinados.
¿A qué crees que se debe ese éxito?
Sobre todo a la fórmula, tan ágil y rápida, con los sketches cortos. Las tramas no son largas e incluso si un día no lo puedes ver, no pasa nada, no te has perdido nada. Te puedes enganchar en cualquier momento, no necesitas seguir el hilo argumental. Ésa es clave.
Y el tema de la guerra de parejas. ¿Nos sentimos identificados?
En efecto, al ser de parejas, el enganche, la identificación, es más fácil, porque siempre alguien se puede sentir identificado con algo.
¿Pero las parejas son así?
Imagino que no todas, pero siempre hay algo que te suena, que has vivido tú. Es cierto que mucha gente me dice que no se identifica en absoluto y otros, más mujeres, me dicen que discuten igual que yo, es decir, que Sonia. Quizás por eso Daniel y yo nos decimos que para qué vamos a tener novio o novia si ya nos tenemos el uno al otro. Él me dice: “Si tuviera novia me trataría igual que tú” (risas).
El caso es que en los picos, habéis llegado a más de siete millones de espectadores. ¿No te sientes un poco intimidada?
Es para intimidarse, la verdad, pero prefiero no pensarlo, porque entonces te cae sobre las espaldas demasiada responsabilidad. Y casi hasta pudor. El otro día una señora me saluda por la calle y me dice: “¡Oye, salúdame, que todas las noches te metes en mi casa!”. “Claro, cómo no”. Y nos dimos un beso (risas).
Parece que tu personaje no tiene nada que ver contigo.
No. Ella es muy conservadora en algunas cosas, muy histérica con su novio, muy dominadora y muy echada para adelante. Y yo no soy así.
¿Cómo eres?
La verdad que tengo un carácter un poco ambiguo. Para algunas cosas soy muy muy extrovertida y, para otras, terriblemente tímida. Hay cosas que tengo que hacer por trabajo que no puedo soportar, que me dan muchísimo corte.
¿Por ejemplo?
No soporto tener que posar en un photocall, ya sabes, la recepción en el estreno de una película, fiestas o cosas así. Ponerme como en un escaparate me presiona mucho. Este éxito también ha supuesto para ti mucha popularidad.
De la noche a la mañana has saltado a la fama. ¿Está resultando duro?
Es como todo, depende del día que tengas. Hay veces que lo de ir a la compra y darte cuenta de que todo el mundo te está mirando en el supermercado se lleva mal. Pero hay que asumir que esto sube y baja. Esta temporada está resultando así, pero luego vendrá otra que pasará lo contrario. Sea lo que sea, bueno o malo, todas las experiencias hay que vivirlas.
¿Te paran mucho por la calle?
En realidad no. Sobre todo me miran y dicen: “Esa es la de…”. Es la frase que más escucho. La verdad es que no me resulta incómodo. Y a veces ni me entero porque siempre voy con mi I-Pod (ahora estoy enganchada a Arcade Fire). Las pocas veces que se me acerca alguien, suele ser con gestos graciosos, como la señora de la que hablaba antes. Es más habitual que sean chicas, que me dicen cosas referentes a Miguel, mi pareja en la ficción: “¡Métele caña!”, “¡Échale de casa de una vez, que es un vago!” (risas). La gente, la verdad, es que se lo toma muy a pecho. Es divertido.
Sabes que además eres una de las reinas de Google…
Eso sí que me alucina. Yo, la verdad, intento obviarlo, porque no sé cómo tomármelo. Es raro, la verdad.
¿Cómo haces para que no se te suba la fama a la cabeza?
Lo primero es que no tengo tiempo para que se me suba (risas). Y además hay que tener claro que esto es así, sube igual que baja. Y tengo la suerte de que mis amigas opinan igual que yo, así que no hay más que hacer la vida de siempre. Y si después de este éxito hay que volver a ponerse a trabajar en una tienda, no tendré ningún problema.
Y a todo esto, ¿tu familia qué opina?
Todos en mi familia alucinan, porque soy la única que se dedica a esto. Ni mis padres ni ninguno de mis dos hermanos menores han hecho algo parecido. Y nadie sabe de dónde ha salido esta vena interpretativa. Mis padres sólo me avisan de que tenga cuidado, que no se me vaya a subir a la cabeza.

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