Javier Hidalgo
Fecha: 18/12/2006El director general de Globalia sabe aprovechar su tiempo, y prefiere las Bahamas a Ibiza. Su padre creó un imperio en el sector de los viajes, pero él lo ha desarrollado. No es un “hijo de” que viva de las rentas. Toma nota.
Tiene cargando fama de noctámbulo y juerguista, pero a uno Javier Hidalgo le parece, sobre todo, un tipo muy empeñado en sacar oro. Es un jefazo con melena y un joven que siempre tiene sitio en la agenda para los amigos. Sé que le quieren de corazón algunos de los famosos de oro de aquí y de fuera de aquí, y juraría que lo merece. Me recibe en su despacho de Pozuelo, a las afueras de Madrid, un despacho que es toda una pulcra fiesta de sol y vidrieras, vecino al de su padre, el imparable Juan José Hidalgo. Viene Javier de una reunión y va a otra, y en la tregua se desahoga un poco el nudo italiano de la corbata oscura, mientras nos ponen un café de media mañana.
¿Qué pone en tu tarjeta de visita?
Director General de Globalia.
O sea, director de muchos directores.
Sí. Porque Globalia abarca Travelplan, Air Europa, Halcón Viajes, Pepe Car, Pepe Travel, Ecuador, y más cosas.
Me cuesta creer que en sólo ocho horas te lo despaches todo.
Bueno, hay días que trabajo doce horas y hay otros días que trabajo sólo seis. La clave es organizarse, y ver rápido las prioridades.
Trabajar, pero no esclavizarse.
Claro. En lugar de comidas de trabajo, yo suelo organizarme un rato para jugar al tenis y tomar una ensalada. Las comidas de trabajo suelen ser cinco minutos de charla sobre el trabajo, más una comida dura, con su correspondiente botellita de vino, y, en fin, que llegas después a la oficina que no puedes con el alma. Para hablar de trabajo, prefiero el despacho. Y a las ocho y media, o las nueve, según, me marcho a casa, y no me enredo en cenas de trabajo.
Digamos que en tus ocho horas caben todas las horas.
Pues sí. Yo no voy a la oficina a hacer bulto, o a pasarme mucho rato ante el ordenador haciendo el canelo. Si toca, me ventilo seis o siete reuniones en una mañana. Es verdad, eso sí, que delego mucho en la gente, en los ejecutivos que trabajan conmigo.
¿Cuánta gente depende directamente de ti?
Unas diez personas. Los directores de cada área.
¿Cual es, en síntesis, tu trabajo?
Hay dos cosas prioritarias: motivación de la gente y control de la empresa. Al final, lo que hago es supervisar lo hecho y estimular a mis directivos. Ten en cuenta que ésta es una empresa con un núcleo de decisión muy pequeño, de ocho o diez personas. Entre nosotros hay muy buena relación, con una comunicación muy fluida, y las decisiones se suelen tomar conjuntamente. Ni mi padre ni yo tomamos decisiones dictatoriales, ni tampoco los ejecutivos toman las suyas sin que haya un consenso. Esta empresa tiene una alta capacidad de iniciativa. En algunos negocios hemos entrado por intuición. La diferencia entre un empresario y un ejecutivo está en eso, en la capacidad de iniciativa, en el afán de riesgo, en la motivación de apuesta del propio capital.
¿Podríamos decir que Globalia es una empresa familiar?
Hoy, ya no. Si de pronto aquí faltara alguien de mi familia, esto seguiría adelante. Hombre, podría pasar por un momento de crisis o de inquietud, pero no de peligro.
¿El empresario moderno tiene más de comunicador que de jefe?
Yo no creo demasiado en eso. El empresario tiene que trabajar en lo suyo, y no perder de vista su sitio.
Me refiero a un comunicador entre los suyos, a un tío que fomenta el diálogo y estimula a su gente.
Ah, eso sí. Totalmente de acuerdo. A mí lo que no me convence es ese modelo de hombre más pendiente de su repercusión pública o social que de las necesidades de su empresa. Claro que creo en el comunicador que tú defines. Los tiros van por ahí, sí. En España empezamos a ser menos individualistas, y trabajamos más en equipo. Ya no existe ese pánico de ir a ver al jefe, al menos en mi empresa. Aquí hay cordialidad, incluso cachondeo, ¿por qué no? Si trabajas ocho o nueve horas, y encima estás de mal humor, pues ya me contarás. Yo hago lo que hago porque me lo paso bien y tengo amistad con quienes tengo a mi alrededor.
Entre quienes están a tu alrededor, tenemos a tu padre, Juan José Hidalgo. ¿Es un amigo o un jefe?
Tengo con él una relación muy buena. Pero lo que se dice muy buena.
¿Ha sido siempre así?
Yo tuve una relación muy visceral con mi padre, al principio. Cuando eres joven te crees que lo sabes todo, y a veces no tienes ni puta idea. Con el tiempo, te das cuenta de que tu padre, a veces, sabe más que tú. Pero más que tú de aquí a Lima. Poco a poco todo eso cambió, y me he dado cuenta de que mi padre me ha dado muchísimo. Lo que yo, hoy, le pueda compensar, y darle de vuelta, es importante en mi trabajo y fuera de él. Para mí es prioritario hacer felices a mis padres y a mis hermanas. Yo, hoy, no discuto con mi padre en nada, ni él conmigo. Ha sido un encaje de los dos.
También promueves muchos proyectos vinculados con dos de tus pasiones, la música y el fútbol. ¿Ahora en qué estás?
Lo de la música se inicó hace años, en una comida, con Pino Sagliocco, que entonces era manager de Joaquín Cortés entre otras cosas. A mí siempre me ha interesado vincular mis marcas con lo emocional. Y con Pino se me puso a tiro. La cosa era, más o menos, vender tickets de conciertos, y así acercar también ese público a los sitios donde están mis otras empresas, hasta ir cerrando el círculo. Trajimos a España a Elton John, a Bebo Valdés, a Alicia Keys, y a otros, y también un concierto de los Rolling. Luego, por otras conexiones, de ámbito internacional, llegué a mantener contactos y trato personal con artistas, al margen de los negocios.
¿Y qué tienes en el fútbol?
Fundamentalmente, amistades.
El fútbol y la música. ¿Estamos hablando de tus dos vocaciones frustradas?
Sin duda. A mí me hubiera encantado ser futbolista o rock and roll star .
Son dos vocaciones muy distintas. Si me apuras, hasta contrarias.
Sí. Pero son mis dos aficiones. O mis dos pasiones. Siempre jugué al fútbol, y sigo jugando. Y todo el día estoy con la música. Desde que me levanto, y a toda leche. Conciertos me los he chupado todos. Desde los 14 o 15 años. Tú imagínate el Bernabéu, lleno hasta arriba, con cien mil tíos gritando, y tú eres el músico o el futbolista por el que gritan. Eso es la leche. Pero hay que tener el talento dentro.
Y tú no lo has tenido...
Nada. Yo no toco ni la flauta. Y, en el fútbol, lo mío era, de pequeñito, comprar todas las camisetas del equipo y a lo mejor pasarme el partido de reserva.
¿Tienes ídolos en la música?
Lo que veo es que hay pocas grandes bandas como las de los setenta o los ochenta, e incluso los noventa, que tienen a los U2. Ahora no hay una gran banda de referencia, quitando, quizá, a Coldplay. Digo una banda que pueda competir con los Rolling.
¿Y qué te parece Enrique Iglesias, por ejemplo?
Pues, me parece muy bien. Porque triunfar siendo “hijo de” resulta muy complicado. Y ahí lo tienes a él, que está triunfando.
En el fútbol también se han perdido las grandes bandas.
El fútbol como espectáculo ha perdido bastante, sí. En el Bernabéu de hace quince años yo me lo pasaba como un enano. Yo iba al fondo sur, y era un momento para desahogarte y pasarlo bien, no para sentarte y ver a veintidós tíos famosos, en plan coñazo.
Pero tienes muchos amigos en el Madrid.
Sí. Ronaldo, Guti, Míchel. En general, me llevo bien con todos. A Ronaldo le conocía de antes de llegar al Madrid, porque coincidíamos en Saint Tropez. Es un tío genial, con sensiblidad. Parece que pasa de todo, pero de eso nada. Además, es un gran luchador. Fíjate que se ha lesionado muchas veces, y es muy potente. Dicen que le sobra peso, pero se quita la camiseta y es puro músculo. Impresionante. Una roca. Es un atleta de los 100 metros. No hace el paripé de correr hacia atrás, y otras chorradas, como otros, eso no. Pero destroza en carrera a cuatro tíos. Y luego el trallazo. No falla una.
Antes me has dicho que te gusta hacer feliz a tu familia, a tu hermana, a tu padre. Pero tú tienes alergia al matrimonio.
No creo en el matrimonio, y me gustaría creer, sinceramente. Pero cada día lo veo más complicado. Al menos, complicado para mí. Si más o menos tienes posibilidades entre las mujeres, es difícil fijarte en una. Y luego está la edad, que te vuelve más maniático.
No tienes miedo a la soledad.
Llevo solo 15 o 20 años. Lo ideal sería llegar a casa y encontrar a alguien con quien puedas seguir cultivándote, o con quien seguir disfrutando, y no a alguien que acaba dándote la paliza, que es lo que suele ocurrir demasiado a menudo. Yo para eso prefiero estar solo. Vamos, que solo estoy estupendamente.
¿Hay mejor universidad que la vida?
Si viajas a tope, y te relacionas con gente diversa, estás haciendo mejor carrera que si no sales de tu ciudad y te pones a trabajar a los 23 o 24 años, con máster o sin máster. La carrera es, además de estudiar, vivir. Vivir de verdad, en lo emocional y todos los aspectos. Yo aconsejo que se viaje, que se disfrute, que se viva. Por lo menos, hasta los veintiséis años.
SUMARIO Nº 273
Este mes podemos disfrutar de unas espectaculares fotos de Olivia Wilde, la médico de House que ha hecho suspirar a más de uno. Después de la resaca del Mundial, comienza la Liga y te traemos los fichajes clave de esta nueva temporada. Además, te traemos entrevistas de actualidad, reportajes, moda, belleza, chicas... ¿Te lo vas a perder?
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