Señores, no hagan juego
Fecha: 12/07/2010
Acaba de reabrir el rockero local de conciertos The Tote, cerrado con protestas y lágrimas en enero por, según su dueño durante 25 años, el gasto extra en seguridad exigido por la nueva Ley de licencias de alcohol. El trasfondo es similar al del precinto a La Riviera de Madrid ‘por’ el asesinato de un chaval en el pijo Balcón de Rosales: justos por pecadores. El circuito de pubs de la meca musical del hemisferio Sur que es Melbourne –como su mater Londres lo es del Norte– siendo, lo que el Joaquín Sabina australiano Paul Kelly llamó “la universidad de los músicos”, enfrenta con esa Ley otra amenaza aparte de la especulación inmobiliaria, que es la misma ‘plaga’ que arruinó las escena de ocio de Sidney: las máquinas tragaperras. En un país cuasi ludópata, en febrero se manifestaron tocando 10.000 músicos y en abril Los Verdes –socio parlamentario del partido gobernante hasta noviembre y compañero político de la ‘amotinada’ Primera Ministra– entregaron las 22.000 firmas recogidas contra esa aplicación indiscriminada. Un día después, tres combativos y eficaces empresarios de la música en directo (dueños también de Bar Open, Pony y Yah Yah’s, del mítico The Punter y del oscuro Spanish Club), recibieron otra licencia para The Tote. Compraron parte de la memorabilia del lugar para subastarla y así pagar las costas legales y rehabilitaron la sala. Además actualizaron la jukebox, añadieron la exitosa roulotte de hot dogs del beer garden (el patio para fumar) y ya están sonando para goce de unos fans que botan. Y votan.


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